lunes, 28 de julio de 2014

El viaje a Los Cardales

No es normal
esta emoción constante
por plantaciones de naranjos.
Que las notas te sacudan,
que un cielo demasiado celeste
te deje herido a la intemperie.

La idea es que nunca, nunca, nunca
puedas conservar
el agua en movimiento detras de las patas de dos caballos,
la inundación
y el contraluz al atardecer.

Cae el sol...
Ahí viene otro día.

1 comentario:

  1. Y esa luz del sol que, de tan incandescente, no te deja ver.
    Y te calienta, y te quema, y te insola…

    Pero la seguís prefiriendo a no tenerla.

    ¿Y eso? Uf, otro naranjo. Creo haber estado acá antes pensás.

    Y no te equivocás.

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