jueves, 27 de febrero de 2014

miércoles, 26 de febrero de 2014

Conductismo necesario

- "En la sesión de hoy no podríamos hacer algo más conductista? Tipo que vos me digas directamente algunos tips para no ofender a la gente..." 

martes, 25 de febrero de 2014

lunes, 24 de febrero de 2014

domingo, 23 de febrero de 2014

Todo de todo

"- Mi benefactor decía que, cuando un hombre se embarca en los caminos de la brujería, poco a poco se va dando cuenta de que la vida ordinaria ha quedado atrás para siempre; de que el conocimiento es en verdad algo que da miedo; de que los medios del mundo ordinario ya no le sirven de sostén; y de que si desea sobrevivir debe adoptar una nueva forma de vida. Lo primero que debe hacer, en ese punto, es querer llegar a ser un guerrero, un paso y una decisión muy importantes. La aterradora naturaleza del conocimiento no le permite a uno otra alternativa que la de llegar a ser un guerrero.
Ya cuando el conocimiento se convierte en algo que da miedo, el hombre también se da cuenta de que la muerte es la compañera inseparable que se sienta a su lado en el petate. Cada trocito de conocimiento que se vuelve poder tiene a la muerte como fuerza central. La muerte da el último toque, y lo que la muerte toca se vuelve en verdad poder.
Un hombre que sigue los caminos de la brujería se enfrenta en cada recodo con la aniquilación inminente, y sin poder evitarlo se vuelve terriblemente consciente de su muerte. Sin la conciencia de la muerte no sería más que un hombre común envuelto en actos comunes. Carecería de la potencia necesaria, de la concentración necesaria que transforman en poder mágico nuestro tiempo ordinario sobre la tierra.
De ese modo, para ser un guerrero un hombre debe estar, antes que nada y con justa razón, terriblemente consciente de su propia muerte. Pero preocuparse por la muerte forzaría a cualquiera de nosotros a enfocar su propia persona, y eso es debilitante. De modo que lo otro que uno necesita para ser guerrero es el desapego.La idea de la muerte inminente, en vez de convertirse en obsesión, se convierte en indiferencia.

Don Juan dejó de hablar y me miró. Parecía esperar un comentario.

-¿Entiendes? -preguntó.

Yo entendía lo que había dicho, pero personalmente me resultaba imposible ver cómo podía alguien llegar a un sentido de desapego. Dije que, desde el punto de vista de mi propio aprendizaje, ya había experimentado el momento en que el conocimiento se convertía en algo atemorizante. También podía decir con toda veracidad que ya no encontraba apoyo en las premisas ordinarias de mi vida cotidiana. Y deseaba, o quizá más que desear, necesitaba, vivir como un guerrero.

-Ahora debes despegarte -dijo don Juan.
-¿De qué?
-Despégate de todo.
-Eso es imposible. No quiero ser un ermitaño.
-Ser ermitaño es una entrega y jamás me referí a eso. Un ermitaño no está despegado, pues se abandona voluntariamente a ser ermitaño.
Sólo la idea de la muerte da al hombre el desapego suficiente para que sea incapaz de abandonarse a nada. Sólo la idea de la muerte da al hombre el desapego suficiente para que no pueda negarse nada. Pero un hombre de tal suerte no ansía, porque ha adquirido una lujuria callada por la vida y por todas las cosas de la vida. Sabe que su muerte lo anda cazando y que no le dará tiempo de adherirse a nada, así que prueba, sin ansias, todo de todo.
Un hombre despegado, sabiendo que no tiene posibilidad de poner vallas a su muerte, sólo tiene una cosa que lo respalde: el poder de sus decisiones. Tiene que ser, por así decirlo, el amo de su elección. Debe comprender por completo que su preferencia es su responsabilidad, y una vez que hace su selección no queda tiempo para lamentos ni recriminaciones. Sus decisiones son definitivas, simplemente porque su muerte no le da tiempo de adherirse a nada.
Y así, con la conciencia de su muerte, con desapego y con el poder de sus decisiones, un guerrero arma su vida en forma estratégica. El conocimiento de su muerte lo guía y le da desapego y lujuria callada; el poder de sus decisiones definitivas le permite escoger sin lamentar, y lo que escoge es siempre estratégicamente lo mejor; así cumple con gusto y con eficiencia lujuriosa, todo cuanto tiene que hacer. ¡Cuando un hombre se porta de esa manera puede decirse con justicia que es un guerrero y que ha adquirido paciencia!

Don Juan me preguntó si tenía algo que decir, y señalé que cumplir la tarea que había descrito llevaría toda una vida. Me contestó que yo protestaba demasiado en su presencia, y que él sabía que en mi vida cotidiana me portaba, o al menos trataba de portarme, en términos de guerrero.

-Tienes garras bastante buenas -dijo riendo-. Enséñamelas de vez en cuando. Es buena práctica.

Hice un ademán prensil, gruñendo, y él rió. Después se aclaró la garganta y siguió hablando.

-Cuando un guerrero ha adquirido paciencia, está en camino hacia la voluntad. Sabe cómo esperar. Su muerte se sienta junto a él en su petate, son amigos. Su muerte le aconseja, en formas misteriosas, cómo escoger, cómo vivir estratégicamente. ¡Y el guerrero espera! Yo diría que el guerrero aprende sin apuro porque sabe que está esperando su voluntad; y un día logra hacer algo que por lo común es imposible de ejecutar. A lo mejor ni siquiera advierte su acto extraordinario. Pero conforme sigue ejecutando actos imposibles, o siguen pasándole cosas imposibles, se da cuenta de que una especie de poder está surgiendo. Un poder que sale de su cuerpo conforme progresa en el camino del conocimiento. Al principio es como una comezón en la barriga, o un calor que no puede mitigarse; luego se convierte en un dolor, en un gran malestar. A veces el dolor y el malestar son tan grandes que el guerrero tiene convulsiones durante meses; mientras más duras sean, mejor para él. Un magnifico poder es siempre anunciado por grandes dolores."

CASTANEDA, Carlos. Capítulo 10 de Una realidad aparte.

jueves, 13 de febrero de 2014

Polenta

Martillos afuera golpean
golpean la nueva casa
hay gente en el pasillo
gente de la nueva casa
los que tienen la esperanza renovada
recién mudados
son gente hablando
a una puerta de distancia
y yo ahogo el llanto
porque no es una buena
carta de presentación.

Y lloro y revuelvo,
lloro y revuelvo...
y pienso que también
sería triste que me vieran así
del otro lado
por la ventana
pero no puedo hacer nada.
Lloro y revuelvo
la polenta instantánea que me dice
que me queda un minuto
para terminar de llorar.


(Cuadernos, Julio 2013)

jueves, 6 de febrero de 2014

Menos

Hace frío y por eso me estaba bañando con agua caliente. De repente, el agua fue fría. Terminé con la tarea en un tiempo no estipulado. Salí con piel de gallina y los labios morados. Después fui a la cocina. Alguien había dejado bajo un chorro de agua caliente un cacho de carne descongelando...

Soy menos que un cacho de carne.

Ser tumba

La lluvia ácida te va a bañar
el cerebro a la intemperie
y te va a meter
una realidad paralela e imposible
como que la maldad deliberada no es cierta
como que el amor para siempre existe.
Especulé con la posibilidad
de quedarme a vivir allá
pero no se puede
no se aplica.
Dejame con lo volátil
dejame ser tumba
y que todo lo que dije no se repita.