martes, 2 de agosto de 2011

Cuento barato y pantuflas de lana (01:00 AM)

Estos textos pasan
cuando no tenés a nadie con quién hablar
porque todo lo que vas a decir
va a ser un vómito intraducible
de palabras que dan vueltas
sin digerirse hace semanas
mezcladas con las de hace un rato.


Empecemos con la férrea decisión de volverse a levantar por más que el frío y la náusea voten en contra. Empecemos por preparar mi té favorito. Empecemos por unas pocas palabras para descomprimir la cuestión. Y con todo el laburo que llevó eso, si prestás atención, recién estamos empezando. Hasta aquí el relato coherente. Continuar no le garantiza nada, pero nada eh... o un rato de mierda, si lo piensa demasiado.
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Las luces que veo todas las noches desde la ventana cuando me acuesto a veces son muy lindas. Realmente lindas, sobre todo cuando llovió en el día, o cuando hace frío y el aire está limpio, limpio, así como ahora. Pero a veces son tan tristes... Ayer conté 14 rojas titilantes ahí afuera y una especie de principio de incendio acá adentro. (ACÁ). Pienso todavía si el pecado fue la ingenuidad o la soberbia, y sigo sin encontrar respuesta a esa pregunta que lleva casi 8 meses. Pienso en el miedo, lo siento.

Voy a separar las copas en ese estante. Brindan por mí vacías cada vez que el piso vibra, y no me gusta, no sé qué traman, y no voy a dejarlas desear por causas desconocidas. Malditas.

Llego a este punto y es momento de confesar, una vez más, que estoy escribiendo para agotarme. Sí, para cansarme, para no dormirme pensando. Así que capaz que esto se extienda un rato, por lo que te doy la libertad de marcharte para siempre, o volver en otro post, como gustes.

Estoy rodeada de cables. Y de señales. Estoy rodeada de cables y de señales que me atraviesan pero no se llevan ni me traen nada, con lo bien que me vendría! Un par de ideas pido, una solución sencilla como la que encontraron esta tarde esos dos campesinos, fugitivos en mi mente. He aquí una pequeña historia:

Ya no quedaba nada. Sólo un camino, débilmente trazado entre escombros y pedazos de cerámica de un jarrón enorme que contenía una vez un mundo. Era el desierto ahora. "A" venía del norte, sabía que no quedaba nada detrás. Le había tomado años llegar a aparecer en el escenario de esta historia. "B", que venía desde el sur, a lo largo de su viaje sólo había visto destrucción, dolor, y demás cosas y hechos calificables con palabras de mierda sin nada positivo que transmitir. Ambos sabían que la opción que restaba era seguir, siempre seguir, hacia adelante. 
Paradógica y metafóricamente el problema - o - nudo surge en el cruce - que - enrieda a estos dos personajes.¿Podían confiar en que no habría más nada en las direcciones opuestas según el discurso del otro? ¿Este era el máximo de humanidad que podrían encontrar en los alrededores? 
Lo que nosotros de este lado sabemos es un secreto: "A" traía semillas; "B" traía agua. Ninguno de los dos personajes supo esto sobre el otro en ese entonces. Y nosotros no sabremos nunca si decidieron confiar mutuamente y ver crecer algo más por fuera de su egoísmo.


2 comentarios:

  1. cuando te sentís identificada.
    te sentís identificada.
    eh?
    sí.
    eso.
    abrazo cítrico.

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